La Gringa Que Habla Spain

Semana Santa en Andalucía

December 28, 2016
Semana Santa

Los tambores reverberaban entre todas las calles de Córdoba como si fueran ángeles proclamando la llegada del dios al planeta, pero en realidad eran los sonidos de las precesiones inminentes de la Semana Santa en Andalucía. Esa escena, mejor dicho —este sonido poderoso— fue lo que nos dio la bienvenida cuando llegué con tres amigos a la estación de buses. Era impresionante. Me pensé, “qué impresionante oír estos sonidos desde tan lejos”. En realidad, no supiera la definición de “impresionante” hasta que vi todos los elementos de la ritual que es Semana Santa.

Salimos de la estación y mi amigo nos paró un taxi para llevarnos al hostel en el centro. El conductor nos dijo que típicamente el viaje hacia el centro dura solo 10 minutos, pero debido a las procesiones el paso puede ser alargado. La ciudad de Córdoba quedaba en una colina. Empezamos a ascenderla y con cada minuto el ritmo de los tambores se hacía más profundo. Paramos a unos cuadros de nuestro hostel, porque la calle fue bloqueada. “No podemos avanzar nada más. Ustedes tienen que caminar el resto,” nos dijo el conductor. Mientras recogimos las cosas, él añadió, “y buena suerte con las maletas!”.

Él tenía mucha razón. Caminar por las calles fue una gran aventura por los callejones angostos con tanta gente caminando en la misma dirección que las procesiones. Con cada movimiento el pulso de los tambores infiltraba más la sangre del cuerpo mío. Los tambores fueron acompañados por las trompetas, haciendo notas musicales como gritos. Nuestro grupo pausó por un momento para chequear el mapa. “Tenemos que girar a la derecha a la esquina que viene”, dijo mi amigo Neil.

En este momento, había un montón de gente empujando hacia esa intersección. Seguimos la multitud, pero llegamos a una paralización. Pensé que las bateristas pasaran, pero lo que desfilaba enfrente de los espectadores era otra cosa –algo mucho más dramático: una carroza tan grande y pesada, con 20 o 30 hombres llevándolo debajo y rodeada por gente vestido en nazarenos y capirotes. Para mí, lo más recordable fue las personas en la calle con caras tan emocionantes, llorando y gritando. Esa pasión de la gente me parecía más ruidosa que el sonido de la procesión.

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